Arxivar per 2008-09-22

Will Ferguson – Happiness

No es un llibre d’autoajuda, es un llibre que va sobre un llibre d’autoajuda, però no un llibre d’autoajuda normal, aquest funciona!! I el que es pitjor, fa la gent feliç! Lliçons d’economia que funcionen, com deixar de fuma de veritat, com aprimar-se, millorar la autoestima, sexe Li-Bok, tots els consells funcionen. Qui coi vol un món feliç? Qui es el dement que vol la felicitat per tothom!? Només un esser pot haver escrit un abobinació així…

Des de que llegia a Pratchett que no m’ho passava tan bé (amb un llibre)!!

Eran dos, con las gafas de sol y los austeros trajes oscuros de rigor y sombrías expresiones en consonancia. Pertenecían al FBI, donde el lema es “Eso no nos parece demasiado gracioso”.
– Señor De Valu -dijo el primero -. Soy el agente Bla, y éste el agente Tal-y-tal. -(No hay razón para recordar sus nombres).
– Van los dos al mismo sastre, ¿verdad? -Lamentablemente, ese intento humorístico no le valió para granjearse la símpatia de aquellos hombres (vease el lema de más arriba).

– Yo no creo en una política editorial no intervencionista.
– No, señor Mead. Desde luego uste no cree eso. -Por desgracia-.
– Ah sí. A mi me gusta meterme en el ajo, ensuciarme las manos.
– Me consta, señor Mead. A menudo lo llamamos Mead el Manos Sucias.

– ¿Que es…?
– Es mejor presentarlo como un libro de recetas adelgazante a base de cerdo frito.
Punto en el cual Edwin saltó de la silla, agarró el abrecartas del escritorio y empezó a hundirlo repetidamente en el pecho del señor Mead, buscando en vano su corazón.
– Veré que se puede hacerse, señor Mead.

Tenia que matar a Bubba, però ¿cómo? El tipo era un celador de prisión con el debido adiestramiento y le doblava en estatura. Los inspectores de Hacienda habián sido tarea fàcil. El señor Ética los había matado a golpes con sus propios maletines. Y además, sus vecinos se habían prestado a ayudarle a esconder los cadaveres. “¿Un inspector de Hacienda, dice? No hay problema. Iré a por mi pala.”

– Necesito una arma -dijo el señor Ética-. Una para matar a un hombre.
– Un momento caballero. Es ilegal que le venda una arma recreativa de fuego si sospecho que tiene intención de usarla para cometer un delito.
– Está bién, pues. Necesito un rifle con mira telescópica para cazar ardillas.
– Ah, bueno. A ver ¿de qué tamaño de ardillas estamos hablando?
– Ah, mas o menos del tamaño de un hombre.
El dependiente le ofreció si mejor tesoro: una combinación de ballesta y lanzagranadas.
– Mire, ésta goza de mucha aceptación entre nuestros deportistas más ávidos.

Nota:9/10