Arxivar per 2008-12-29

Tot esperant que arribés algun llibre d’una altra biblioteca vaig topar-me amb “La mona risa” una agrupació d’històries curtetes amb humor. Bé això diu la contraportada. La realitat es força diferent.

Per ser just diré que algunes s’en salven, potser un 20%, sent generosos, un 15% per ser justos.  Es a dir aproximadament 3.
El primer es un relat del Woody Allen (foto acompanyada per que resulti agradable a la vista),  es veu que no només escriu guions. Es sobre una partida d’escacs… per correu. Les cartes porten comentaris a part dels moviments. Un exemple:

Estas dos piezas están obligadas de tal forma que lo hace imposible, obligados como estamos a las normas establecidas por la Federación Mundial de Ajedrez y no por la Comisión de Boxeio del Estado de Nueva York.  Sin poner en duda que su intención fue constructiva al tomar mi reina, ahora afirmo que sólo se puede llegar al desastre cuando usted se arroga el poder arbitrario de la decisión y empieza a actuar como un dictador.
Una versió políticament correcte de la Caputxeta vermella de James Finn Garner.

Caperucita gritó; no como resultado de la aparente tendencia del lobo hacia el travestismo, sino por la deliberada invasión que había realizado de su espacio personal.

Sus gritos llegaron a oídos de un operario de la industria maderera (o técnico en combustibles vegetales, como él prefería considerarse) que pasaba por allí.
I per últim m’agradaria remarcar una part del relat d’Enrique Jardiel Poncela. On narra la impressió de Dinamarca.

Al saber que a los nacionales de Dinamarca se les llama daneses, he intentado comprar un perro danés. Però en Copenhague no he visto ni un solo perro. Sin duda, han fallecido, agotados, al inentar correr detrás de todas las bicicletas que pasan por las calles.