Arxivar per 2009-05-19

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Eric – Terry Pratchett (160 pàgines)

Rarament miro una peli per segona vegada, i encara es més estrany el fet de rellegir-me un llibre. Però com que es el millor llibre que existeix, li he donat aquest favor. Efectivament es tracta de Eric, evidentment una novela de Terry Pratchett.

Eric es un jove invocador de dimonis que per aquelles coses del destí invoca en Rincewind (el personatge més carismàtic de la saga). Aquest noi li demana 3 desitjos: Ser el rei del mon, coneixer la noia més bonica, i viure per sempre. Evidentment res no surt com hauria de sortir…

– Vamos, ponte a ello -dijo Eric-. Se supone que tienes que desaparecer en un estadillo de humo.
– Escucho, ¿crees que me basta con chasquear los dedos y…?
Rincewind chasqueó los dedos.
Hubo un estadillo de humo.
Rincewind se quedó mirandose los dedos con cara de asombro, igual que uno miraria una pistola que lleva décadas colgada de la pared y que de pronto se dispara y perfora al gato.

El imperio tezumano, situado en los valles selváticos del centro de Klatch, es conocido por sus huertas orgánicas, su exiquista artesanía de obsidiana, plumas y jade, y sus sacrificios multitudinarios en honor de Quesoriscóttal, la Boa con Plumas, el dios de los sacrificios humanos multitudinarios. Tal como se decía, con Quesooricóttal siempre sabias a qué atenderte.

La gente sin dioses era capaz de cualquier cosa, de volverse contra las antiguas y sanas tradiciones del ahorro y del sacrificio ajeno que habían convertido el reino en lo que era hoy. O incluso capaces de empezar a preguntarse para qué si no tenían dioses, necesitaban tantos sacerdotes. Cualquier cosa.

Esta cosa era la clase de cosa terrorífica que solamente podía crear alguien que se sentara y pensara en pensamientos horribles con mucha lucidez. Tenía más tentaculos que patas, pero menos brazos que cabezas.
También llevaba una insginia que decia: “Me llamo Urglefloggah, Engendro del Averno y Guardián Repulsivo del Portal Pavoroso: ¿En Qué Puedo Ayudarle?”.

-He oído hablar de ese  –dijo Eric–. Un tipo que desafió a los dioses o algo parecido. Tiene que estar todo el tiempo empujando esa roca colina arriba aunque la roca no para de caerse rodando…
El demonio levantó la vista.
–Pero primero –trino– tiene que escuchar las Regulaciones de insalubridad e inseguridad sobre el levantamiento y transporte de objectos pesados. De hecho, el volumen 93 de las apostillas. Las regulaciones en sí ocupaban 1.440 volumenes más. Y eso solamente era la primera parte.
[…]
Yo le ayudaba, dijo el demonio, con la voz cargada de indignación malhumorada. Te echaba un poco una mano a veces no? Le contaba chismes y todo eso. Le animaba un poco cuando la roca rodaba colina abajo. Decia coss como “coño, ahí cae otra vez la puta” y él contestaba “la madre que la parió”. Nos lo pasabamos bien, ¿verdad?

Nota:10/10