Arxivar per 2012-10-12

Ahir em vaig descuidar les frases sel·leccionades de Going Postal!!

Dicen que ante la perspectiva de ser ahorcado por la mañana, un hombre es capaz de concentrar su pensamiento de un modo maravilloso; por desgracia, en lo que se concentra el pensamiento de forma inevitable es en que está dentro de un cuerpo que será ahorcado por la mañana.

—Señor Húmedo, esta mañana no tenía usted ninguna experiencia en estar muerto, y sin embargo, de no ser por mi intervención, habría resultado que se le daba de maravilla —replicó Vetinari en tono seco—. Eso demuestra que nunca se sabe hasta que uno lo intenta.

—Bueno, de acuerdo. Por supuesto, 4acepto en calidad de criminal nato, mentiroso habitual, estafador y genio perverso indigno de la menor confianza.
—¡Magnífico! ¡Bienvenido al funcionariado público! —dijo lord Vetinari, ofreciéndole la mano—. Yo me enorgullezco de elegir siempre al hombre idóneo.

No, yo creo que mi oferta tal vez sea desproporcionada, pero ¿cruel? No me lo parece. De todas maneras tengo entendido que en los sótanos tenemos castigos que son extremadamente crueles y en muchos casos bastante desproporcionados, si desea usted probarlos en aras de comparar.

El señor Ardite llevaba peluquín. Tal vez en alguna parte existiera un hombre a quien le quedara bien el peluquín, pero fuera quien fuese aquel hombre, no era el señor Ardite. Era un peluquín castaño que tenía el tamaño equivocado, la forma equivocada, el estilo equivocado y, en general, era una gran equivocación.

-Los tiene sueltos de noche por sus patios.
—Así no entran ladrones, ¿eh?
—Creo que él en realidad prefiere que entren, señor. Así se ahorra tener que dar de comer a los perros.

-Nuestra fe nos prohíbe que nadie tome ninguna imagen de nosotros. Las imágenes se te llevan una parte del alma, ya sabe.
—¿Y usted se cree eso? —preguntó Sacharissa—. ¿En serio?
—Ejem, no. No. Claro que no. No exactamente. Pero… no se puede tratar la religión como si fuera una especie de bufet libre, ¿verdad? O sea, no se puede decir: «Sí, por favor, póngame un poco de Paraíso Celestial y una ración de Plan Divino, pero no se pase con las postraciones y no me ponga Prohibición de Imágenes, que me provoca gases». Es el menú del día o nada, de otra manera… bueno, sería una tontería.

Tengo que reconocerle a usted el mérito de aceptar un trabajo que ha matado a cuatro de sus predecesores, señor Mustachen. Hay que ser un tipo de hombre especial para hacer eso. Sí, pensó Húmedo. Uno ignorante.

Se trataba del estudio de un mago, así que por supuesto contenía una calavera con una vela encima y un cocodrilo disecado colgado del techo. Nadie sabía por qué era así, y los que menos los magos, pero había que tener todo aquello.

El reloj de la antesala de lord Vetinari no hacía tictac con normalidad. A veces el tic llegaba una fracción de segundo tarde y a veces el tac sonaba antes de tiempo. De vez en cuando, el uno o el otro no tenían lugar. Nadie acababa de caer en la cuenta hasta que llevaba cinco minutos allí, y para entonces varias partes pequeñas pero significativas del cerebro estaban enloqueciendo.

-No se angustie sin razón. Por mi experiencia, su señoría es un hombre… complejo. No es sabio intentar adelantarse a sus reacciones.
—¿Quiere decir que cree que voy a vivir? Drumknott retorció la cara con gesto pensativo y se quedó mirando el techo un momento.
—Hum, sí. Sí, me parece posible.
—Quiero decir, ¿al aire libre? ¿Con todas las extremidades en su sitio?

Los gólems no pueden moverse tan deprisa. Stanley es… bueno, es Stanley, y el resto de ustedes son vie… ricos en años.

Y aquel era su encanto. Que el señor Gryle de verdad lo entendía. Casi nunca necesitaba órdenes: solo había que especificar el problema. El hecho de que fuera Gryle a quien se lo estuvieras especificando aseguraba en gran medida cuál sería la solución más probable.

Aquello era un auténtico pestazo. El aire podría haberse cortado en cubitos y venderse como material barato de construcción.

La gente no paraba de decirle que últimamente Ankh-Morpork se había vuelto un lugar mucho más civilizado, que entre la Guardia y los Gremios habían tranquilizado las cosas lo bastante como para asegurarse de que ahora el hecho de que te atacaran mientras llevabas a cabo algún asunto legítimo en Ankh-Morpork se hubiera convertido en una mera posibilidad en lugar de ser, como antes, una certeza. Y ahora las calles estaban tan limpias que a veces hasta se podía ver la calle.

Ya había llevado a cabo el punto 1: En Caso De Descubrir Fuego, Conserve la Calma. Ahora llegó al punto 2: Grite «¡Fuego!» Con Voz Alta y Clara. —¡Fuego! —gritó, y tachó el número 2 con su lápiz. Luego venía el 3: Intente Extinguir el Fuego Sí Es Posible. Stanley fue a la puerta y la abrió. Entró una ráfaga de humo y llamas. Observó un momento, negó con la cabeza y cerró la puerta. El párrafo 4 decía: Si el Fuego lo Tiene Atrapado, Intente Escapar. No Abra Puertas que Estén Calientes. No Use Escaleras que Ardan. Si No Se Presenta Ninguna Salida, Conserve la Calma y Espere a) A Ser Rescatado o b) La Muerte.

—Está el Hospital Gratuito Lady Sybil —dijo la señorita Buencorazón.
—¿Y es bueno?
—Hay pacientes que no mueren.

De haber sido un héroe, habría aprovechado la oportunidad para decir: «¡Eso sí que es clasificar!». Pero como no era un héroe, vomitó. Los cuerpos no funcionan como es debido cuando hay partes importantes que no comparten el mismo marco espaciotemporal que el resto, aunque es cierto que se ven más coloridos.

No es que Gran Tronco se ganara enemigos, es que debía fabricarlos en serie.

¿Por qué este hombre gobierna solo una ciudad?, pensó. ¿Por qué no está gobernando el mundo? ¿Es así como trata a la gente? Es como ser una marioneta. La diferencia es que él lo dispone todo para que seas tú quien tiras de tus propios hilos.

Ah, sí, aquí lo tengo. Sí, sus pantalones fueron objeto de detonación controlada después de que explotara uno de sus calcetines. No estamos seguros de por qué.

Era basura, pero la había urdido un experto. Oh, sí. Era admirable la manera en que unas palabras completamente inocentes habían sido asaltadas, violadas, despojadas de todo significado y decencia verdaderos y luego puestas a hacer la calle al servicio de Asidor D’Oropel, aunque lo más seguro era que «sinergéticamente» ya hubiera sido puta desde siempre.

Pero es un hombre de… recursos ingeniosos. A Húmedo le pareció que aquella era una forma muy cuidadosa de decir «cabrón asesino».

Recuerda siempre que la multitud que aplaude tu coronación es la misma que aplaudirá tu decapitación. A la gente le gustan los espectáculos.

—Es un disfraz —dijo Alex.
—¿Un casco enorme con cuernos?
—Sí. Llama tanto la atención que nadie sospechará que estoy intentando pasar desapercibido, así que no se molestarán en fijarse en mí.
—Hay que ser un hombre muy inteligente para que se te ocurra eso

—¿No puedo? —dijo Vetinari—. Soy un Tirano. Nos dedicamos a esto.

Acababan de salvar a la ciudad con oro más fácilmente de lo que en aquel momento podría haberla salvado cualquier héroe con acero. Pero en realidad no había sido exactamente el oro, ni siquiera la promesa del oro, sino más bien la fantasía del oro, el sueño fabuloso de que el oro estaba ahí, al final del arco iris, y de que seguiría estando ahí eternamente siempre y cuando, por supuesto, uno no se acercase a mirar. Es lo que se conoce como finanzas.